Una vida terapéutica o una vida sin terapia

O cómo aprender a dejar de preocuparnos por ir a psicoterapia y amar quiénes somos

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Cuando era niño, cualquiera que se sometiera a alguna forma de terapia mental, psicoanálisis, psiquiatría, psicoterapia o psicología, simplemente estaba loco.

No importaba la razón, la edad, el género, el nivel socioeconómico o el nivel escolar. Si ibas al psiquiatra estabas demente.

Algunas personas acudían con un especialista en salud mental, pero no se lo decían a nadie. Ese tipo de problema era privado y se mantenía en secreto.

Los problemas que nos llevan a terapia

Ha pasado el tiempo y hoy las cosas han cambiado mucho. Es cierto que todavía genera sospechas en algunos grupos sociales (principalmente con las personas mayores). Pero en general, estamos viviendo en una época diferente.

Quizás hemos llegado demasiado lejos.

Los niños comienzan a ir a algún tipo de terapia mental desde una edad muy temprana. De vez en cuando solo hacen algunas pruebas psicológicas, otras veces van a un tratamiento específico, como de lenguaje, terapia ocupacional o emocional. Y ya hay psicólogos permanentes en algunas escuelas.

Por otro lado, los adultos van a terapia cuando el estrés se vuelve difícil de manejar. O cuando pierden a una persona importante, experimentan un divorcio o una ruptura. En algunos casos por adicción. O para tener alguien con quien hablar.

Hoy tenemos una amplia variedad de terapias. No solo por el enfoque teórico que tienen, sino por los objetivos y los métodos para resolver problemas particulares.

Cuando alguien va a terapia ya no es un secreto. Es parte de la conversación habitual en la mesa de café o la reunión del sábado por la tarde. Es incluso muy común hablar de ello en el espacio de trabajo. Bromeamos al respecto sin ningún problema.

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La sesión terapéutica y qué encontrar en ella

Soy psicoterapeuta y me encanta que los problemas de salud mental ya no sean secretos. Pero de vez en cuando, creo que si tuviéramos una vida más terapéutica, podríamos no necesitar tanta terapia.

Me explico.

En algunos momentos de la sesión terapéutica, les pregunto a mis pacientes sobre su tiempo libre y sus pasatiempos. Quiero que recuerden las cosas que les gustaba hacer cuando eran más jóvenes y si aún las hacen. O que recuerden los tiempos en silencio o en soledad. Posiblemente sus lecturas, momentos de reunión con sus mejores amigos, al escribir un diario, garabatear, cantar, caminar...

Desafortunadamente, vivimos cada vez menos experiencias como esas.

“... Es cuando actuamos libremente, por el gusto de la acción misma y no por motivos ulteriores, que aprendemos a ser más de lo que éramos.”
Mihaly Csikszentmihalyi, Flow: The Psychology of Optimal Experience

El espacio y el tiempo en que ocurre la psicoterapia (o cualquier tipo de tratamiento mental) y la experiencia que se vive recibe ahí el nombre de "sesión".

En cada sesión terapéutica, el terapeuta y el paciente intentan ingresar a la zona. Puedes llamarlo como entrar en algún estado de flujo mental, trance o área de confianza. Freud lo llama "sentimiento oceánico". Es un estado en el que estás abierto a aprender cosas nuevas. Cuando el cuerpo y la mente están abiertos a nuevas experiencias, aprendizajes, para reconectarse, transformarse.

Pero déjenme decirles un secreto. El estado al que intentamos llegar en cada sesión es un estado natural. Esto significa que es un estado o una experiencia que tenemos varias veces al día. Bueno, ese es el escenario ideal.

Por ejemplo, cuando estás descansando, con la mente perdida, mirando el horizonte. Cuando estás escuchando música, prestando atención a un maestro o encantado con los ojos de tu pareja.

Dos modos de encarar los problemas

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Esto es como cualquier forma de aprendizaje: puedes hacerlo tu mismo o puedes ir a una clase.

Algunas personas son buenas aprendiendo individualmente o como autodidactas. No necesitan ir a tomar clases sobre casi ningún tema. Pero, en el otro extremo, algunas personas necesitan a alguien que les explique las cosas (a veces llamados aprendizajes auditivos o guiados).

Nadie está bien o mal. Solo son diferentes habilidades o características. Pero como cualquier espectro con extremos, se recomienda estar en algún punto intermedio.

Los autodidactas deben reconocer que no pueden aprender todo por sí mismos. Algunos aprendizajes requieren una figura de maestro o al menos algún intercambio con otras personas.

Y los estudiantes de aprendizajes guiados necesitan desarrollar habilidades que los hagan menos dependientes de otros para aprender.

Lo mismo sucede con la terapia mental.

Algunas personas tienen y usan sus recursos y son capaces de recuperarse, sanar o resolver problemas por sí mismos. Son capaces de darse sus propias sesiones de terapia, por así decirlo.

Y en el otro extremo, algunas personas necesitan asesoramiento u orientación para casi todos los problemas que enfrentan.

Cualquier persona en cualquier extremo tiene que moverse hacia el medio.

Al igual que el aprendizaje, siempre hay cosas que requieren orientación profesional y cosas que requieren independencia para ser resueltas.

Meditación en la sesión

Una de mis pacientes, una mujer de unos cincuenta años, vino después de tres años de tratamiento médico por síndrome del intestino irritable o similiar. Digo similar porque, en las palabras de la paciente, los doctores le habían dicho que no tenía más padecimientos médicos para ser tratada. Sus síntomas eran "psicológicos". Por eso ella estaba buscando ayuda psicoterapéutica, incluso no estando muy cómoda con tener que ir “al psicólogo”.

Cuando le pregunté por esos momentos especiales en que solía estar con ella misma, disfrutaba de una actividad o amigos, ella respondió que no tenía ninguno. Decía que ya no hacía nada así porque estaba enferma.

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Practico la psicoterapia ericksoniana, donde guías al paciente a un estado de trance o hipnosis, como el los descritos anteriormente. En ese estado, la mente y el cuerpo de la paciente pueden estar abiertos a nuevas posibilidades, para reconectarse, para replantear sus problemas.

En cierto modo es muy similar a algunas formas de meditación y atención plena (o mindfulness). Curiosamente, en ese tipo de estados, hay una reconexión al nervio vago, directamente relacionado con el tracto digestivo.

De cualquier modos, guié a la paciente para recuperar algunos de esos momentos especiales a través de la meditación.

Creo que tuvimos dos o tres sesiones. No recuerdo una cuarta. Al final ella se sentía maravillosa (física y mentalmente) y estaba muy agradecida conmigo y con el instituto donde yo daba terapia en ese entonces. Solo recuerdo el optimismo con el que en la última sesión ya estaba pidiendo consejos para cómo conocer a una nueva pareja. Nunca volvió a terapia.

La vida terapéutica

Creo en la psicoterapia, por supuesto. Pero también creo que el proceso de sanación proviene de nuestro interior y que es un natural y orgánico. Podemos vivirlo si nos mantenemos en contacto con nosotros mismos y con esos momentos especiales que nuestra mente y cuerpo requieren.

Es posible que necesitemos psicoterapia para ciertos problemas, por supuesto. Pero mientras tanto, salgamos a caminar, recuperemos un pasatiempo, tomemos un té o café con nuestra pareja o amigo (sin teléfono celular, por favor), escuchemos nuestra canción favorita, volvamos a leer algunas páginas de ese libro que atesoramos, escribamos un diario, dibujemos, cantemos, miremos una puesta de sol, olamos el aroma de algún árbol, y en general, respiremos profundamente.

Por: Adolfo Ramírez Corona


Originalmente escrito y publicado en inglés como A Therapeutic Life or a Life without Therapy en Medium.com.